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Las 06:45, domingo 25 de marzo. Dos tostadas y un café con leche. Por mi dormida cabeza circulan preguntas: ¿Que hago despierto un domingo a estas horas?, ¿Por qué yo?, ¿Mermelada de frambuesa o de ciruela? Enciendo la radio mientras abro la mermelada de naranja, señales horarias y ¿¿¡¡qué!!?? ¡Son las ocho de la mañana! Increíble pero sí. Efectivamente me he olvidado cambiar la hora en el reloj y tengo 20 minutos para cruzar Madrid.
Corro hasta el metro, en ese preciso momento entra por el andén el tren. ¡Uf!, me siento y resoplo, miro a mi alrededor. Veo pañoletas y polos azules, las miradas se cruzan. Con un ligero movimiento de cejas ya somos todos conocidos. Quince minutos de traqueteo me llevan hasta la estación de la otra punta del convoy, salen una unidad de lobatos cargados con mil cosas. Llegamos 10 minutos tarde, pero estoy tranquilo. Se que los que estamos llegaremos a coger el FestiTren.
En Atocha me espera mi grupo y unos cuantos. Saludos a doquier, comentarios referentes al cambio horario y oleadas de scouts que van saliendo del metro con cada convoy. ¡Nos vamos! En el FestiTren se desenfundan las guitarras porque aun hay tiempo de un último ensayo. Muchos son los que cargan con su escenografía. Los sonidos se mezclan a mi lado mientras un castor devora una caja de Donettes. No dejan de pasar escultas de un lado para otro, dos lobatas miran por la ventana y señalan lo que ven, comienzo a sentirme como en casa.
Llegamos a la estación de Alcalá de Henares. Es la segunda vez que hacemos el festival en esta ciudad y nos sentimos queridos. Una larga serpiente de color azul cruza la ciudad para dirigirse a la nueva plaza de toros. Hace frío pero el sol nos saluda desde lo más alto. Cada grupo se organiza, canta, corre, charlan. Vamos llenando de alegría los sitios por donde pasamos.
La plaza esta solitaria aunque algunos voluntarios llevan horas trabajando. En medio de la arena un escenario robusto con su fondo negro nos espera y en lo más alto una pancarta nos da la bienvenida. Tomamos posiciones y desplegamos nuestra hinchada por las gradas: ¡qué comience el espectáculo!
Somos 20 grupos cantando más los del curso de monitores que se han currado una canción muy guapa que sirve para desengrasar los micrófonos. Los nervios comienzan a aflorar mientras nos organizamos y cuando quiero darme cuenta estamos subiendo al escenario. Los mas pequeños tienen dudas que solucionamos con una mano amiga. Cantamos. Lo hemos hecho bien y nos relajamos cuando las gradas rugen. ¡Qué guapo! Da igual de donde sean porque todos te aplauden y te felicitan. Los lobatos hinchan el pecho y me doy cuenta de que valió la pena los ensayos. Estamos contentos, salimos por el foso y volvemos a nuestro trocito de grada. Los padres nos felicitan y nos abrazan.
Toca el 101 y busco miradas cómplices. Las encuentro y confirman mis sospechas: la canción es muy buena. En el descanso lo comento con los mas cercanos todos pensamos lo mismo. Ya queda poco y mientras voy al baño me colocan una camiseta, dos llaveros, una pulsera y si me descuido unos pendientes.
Volvemos las canciones que están hablando del centenario, de nosotros, del mundo, hablan de todo. Al poco tiempo aparece el grupo scout 95 con una ambientación y una coreografía guapísima. De nuevo busco miradas y las encuentro. Eso es lo peor. Confirmo que será un milagro que estemos en Mayo en Albacete, al menos cantando.
Finalizan todas las canciones. Los castores han dejado de correr por la plaza y están todos pendientes del escenario. El Alcalde de Alcalá nos invita a celebrar el próximo Festival Federal de ASDE aquí. Sonrisas por doquier entre las gradas. Finalmente el ganador del festival es el grupo scout Buen Consejo 95. El lobato Brumby se queja: ¿Porque no hemos ganado nosotros? El enfado le dura lo que tarda su mejor amigo en retarlo a una carrera. Todo es buen rollo, sonrisa, abrazos, y recuerdos. Nos despedimos de la ciudad con la sensación de haber hecho algo grande. A media tarde vuelvo a casa derrotado pero satisfecho pensando en el San Jorge. Menos de un mes. ¡Fantástico!
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